El cultor porteño e hijo ilustre de la ciudad de Valparaíso, César Olivares, da inicio a la celebración de Fiestas Patrias con el lanzamiento de su primer disco, «La vida es una noche». Se trata de una recopilación de boleros, vals y cuecas que pone en valor su trayectoria en el folclor y la música de la bohemia tradicional del puerto, y que se materializa gracias al financiamiento del Fondo para el Fomento de la Música Nacional, convocatoria 2024, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

«El proceso ha sido bonito, estoy muy entusiasmado. Es una alegría, porque no pensaba tener algo tan profesional como ahora, entonces para mí es un orgullo», dice el cultor, quien espera «hacerlo popular y que le guste a la gente y se lo quiera llevar de recuerdo».

Este disco fue grabado, mezclado y masterizado en CalleFolk Records por Martín León y contó con la participación de músicos de Valparaíso: Emmanuel Bermedo (guitarra), Gabriela Cáceres (piano), Diego Olivares (percusión), Martín León (bajo), Luis Sata Ponce (acordeón), Luis Rubio (guitarra y voz), Mijlenko Encina (pandero y voz), José Sánchez (bajo y voz), Catalina Bruna (coros) y Yasna Arancibia (coros).

Camila Olmos, periodista y productora ejecutiva de este proyecto, destaca que «este disco es un reconocimiento a la trayectoria del cultor porteño César Olivares. Un reconocimiento por su aporte al folclore y a la música de la bohemia tradicional de Valparaíso. También es un regalo a quien, con carisma y respeto, nos ha abierto los brazos y el corazón».

César Olivares tiene más de 60 años cultivando la música de la bohemia tradicional de Valparaíso, trayectoria que lo ha convertido en Hijo Ilustre de la ciudad y le ha dado reconocimiento en el registro de cultores del Sistema de Información para la Gestión del Patrimonio Cultural Inmaterial del Servicio de Patrimonio del Mincap.

Fue parte del dúo Los Ribereños y de las agrupaciones Silvia la Trigueña y los Huasos Ladinos, Lucy y Los del Rincón, La Isla de la Fantasía y, actualmente, Los Botones de Oro. Se presentó en antiguos bares, como el Dársena, La Bomba, el Nunca se supo, El Rincón de las Guitarras, entre otros; llegó dos veces hasta el Festival de Viña del Mar, pasó por el Festival del Huaso de Olmué y, junto a Silvia la Trigueña y los Huasos Ladinos se adjudicó el primer lugar en el Festival de la Cueca y la Tonada Inédita del Membrillo, con la cueca «Chingana de Guapo», en 1991.