En la previa al centenario del natalicio de Margot Loyola Palacios, la ministra de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Consuelo Valdés, anunció los tres nuevos ganadores del Premio a la Trayectoria en Cultura Tradicional Margot Loyola Palacios. La distinción fue entregada este viernes 14 de septiembre, en una ceremonia realizada en el Palacio de La Moneda.

La entrega de este reconocimiento coincide con el lanzamiento del centenario de la maestra Margot Loyola Palacios, conmemoración que se extenderá hasta septiembre de 2019. «Como Ministerio estamos comprometidos con que permita no solo rescatar la vida y obra de Margot, sino el significado profundo de su trabajo. Para ello habrá exposiciones fotográficas, documentales, simposios, reediciones de libros, materiales pedagógicos para escuelas y liceos, entre muchos otros eventos y contenidos», dijo la secretaria de Estado.

El Premio a la Trayectoria en Cultura Tradicional Margot Loyola Palacios fue instaurado en 2015, como una forma de reconocer a aquellas personas y agrupaciones que han trabajado en la investigación, difusión y enriquecimiento de la cultura tradicional de nuestro país: investigación, creación y formación y para cada una de ellas se contempla un estímulo de ocho millones de pesos.

La ministra Consuelo Valdés, en este contexto, manifestó que «celebrar 100 años del natalicio de Margot, es muy emocionante descubrir cómo su influencia aún sigue viva. No son pocos los músicos chilenos de 30 ó 40 años que siguen sus pasos, rescatando tradiciones y sonoridades y mezclándolas con ritmos y estilos contemporáneos».

Osvaldo Cádiz, director de la Academia Nacional de Cultura Tradicional Margot Loyola y parte del jurado que dirime estos galardones, confesó que «creo que los tres ganadores representan muy bien a la cultura tradicional chilena y también la cultura popular, porque se presentaron más de 40 postulantes en todo el país».

Foto: Ministerio de las Culturas

UN ORGANILLERO AUTODIDÁCTA

En categoría creación, el ganador fue Héctor Lizana, quien con apenas 10 años y tras haber trabajado como ayudante de juguetero de organilleros, aprendió a tocar el chinchín y se convirtió en un incipiente chinchinero. Durante los años 40, y luego de haber recorrido Argentina, Bolivia y Perú mostrando esta disciplina, Lizana incorporó a la práctica la varilla de redoblar y creó los primeros pasos que a futuro permitieron el desarrollo de la danza y los giros de chinchinero como se conoce en la actualidad.

En 1953 tuvo su primer organillo propio y en adelante sus hijos incursionaron también en esta práctica, en forma autodidacta, al igual que su padre. El 2001 Lizana fundó junto a su familia y colegas organilleros y chinchineros la Corporación Cultural de Organilleros de Chile, quienes el 2005 fueron reconocidos en Valparaíso como patrimonio intangible de la ciudad. El año 2013 dieron un gran salto, al ser reconocidos por el ahora Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio como Tesoros Humanos Vivos de Chile.

FORMACIÓN E INVESTIGACIÓN

En formación, el galardón recayó en Elena Valdivia, quien cuenta con una trayectoria de más de 54 años en esta labor. Desde 1997 dirige todos los talleres de folklore desde la Casa de la Cultura de San Bernardo. Además, ha realizado numerosas giras de estudio, difusión y extensión, como profesora y también a cargo de sus grupos Chena y Chenita por América y Europa (desde el año 1963), participando como tallerista de danza y charlas especializadas en folklore, aplicada a la educación, en congresos y seminarios, encuentros y festivales.

En tanto, en investigación  el Conjunto de Proyección Folklórica Tabake nace hace 44 años nen el cerro Playa Ancha de Valparaíso -y bajo la dirección del profesor Mario Bravo Aravena- el Conjunto de Proyección Folklórica Tabake, con el objetivo de investigar, estudiar, difundir y proyectar el folklore de la Región de Valparaíso, con especial énfasis en los bailes chinos y danzas religiosas. Su trabajo y trayectoria les ha valido una serie de reconocimientos nacionales, entre los que se cuenta el título de Patrimonio Intangible de la ciudad de Valparaíso, entregado por el municipio local en su 9° aniversario como Patrimonio de la Humanidad.